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Migrantes indocumentados son víctimas de más de 100 mil delitos al año en México: Ibero

Publicado el 9 de septiembre de 2016
por Rocío Méndez Robles en Noticias MVS

La ruta más peligrosa es la del Golfo, donde operan Los Zetas y el Cártel del Golfo, que han hecho del negocio migrante un mercado alterno al tráfico de drogas. Quienes caen en sus manos se convierten en piezas del crimen organizado.

Prevalecen ataques y riesgos para los casi 500 mil migrantes centroamericanos indocumentados que cada año intentan llegar a Estados Unidos o quedarse en suelo mexicano a laborar.

Javier Urbano, coordinador de la maestría en Estudios sobre Migración en la Universidad Iberoamericana, advierte que “todos se aprovechan de ellos” y para el mexicano promedio “no son nadie, son menos que nada”.

Al año, son más de 100 mil delitos de alto y bajo impacto. En Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Chihuahua, Sonora, Baja California y Tamaulipas se concentran desapariciones, asesinatos, violaciones, mutilaciones, trata y tráfico de personas, secuestro y extorsión, detalla el Dr. Urbano.

Un tercio de los delitos son cometidos por agentes del Estado o vinculados a las autoridades: el Instituto Nacional de Migración (INM), las secretarías de Marina y de la Defensa Nacional, policías municipales y estatales. El narco y las pandillas hacen el resto.

Además, la medida del gobierno de inhibir el recorrido por “La Bestia”, los ha obligado a ir por rutas más complejas, lejos de los 67 a 70 albergues asentados cerca de las vías del tren, agregó Urbano.

La deshumanización y el abuso viene desde abajo: una botella de agua que a los mexicanos les cuesta 10 pesos, para el migrante se cotiza en 50. Los maquinistas “permiten” que delincuentes suban a robar o a cobrar el “impuesto de guerra” (100 dólares por persona). A quien no paga lo lanzan del tren.

La ruta más peligrosa es la del Golfo, donde operan Los Zetas y el Cártel del Golfo, que han hecho del negocio migrante un mercado alterno al tráfico de drogas. Quienes caen en sus manos se convierten en piezas del crimen organizado.

Las mujeres que cumplen con el estereotipo que buscan dueños de bares y antros en México son vendidas como mercancía. Las hondureñas son las más cotizadas: pagan hasta 5 mil dólares por ellas; una guatemalteca tiene un precio de 300 dólares. Otras son obligadas a trabajar en el campo. No hay escapatoria: deben pagar deudas interminables con su cuerpo.

Max, de 27 años, originario de San Pedro Sula, Honduras, cuenta el Dr. Urbano, llevaba una vida normal, pero un día, los “maras” llegaron a su colonia a reclutar jóvenes. Lo intentaron convencer para que se uniera a la pandilla y vendiera droga, pero se negó. Supo que lo iban a asesinar y decidió salir de su país, una medida sin retorno: “Si regreso a mi país, me van a matar“.

Entró a México por Ciudad Hidalgo, Chiapas, y como pudo llegó a Arriaga para tomar “La Bestia”, el tren de las pesadillas.

—¿Alguna vez te viste como migrante?

—La verdad no. Tuve que salir de mi país, no por mi gusto, me tocó y aquí estoy de migrante.

Lleva ocho meses fuera de Honduras y ahora está en el Albergue de Migrantes Casa Tochan, ubicado en Observatorio, en la Ciudad de México. Se dice dichoso de estar en la capital mexicana, pues “muchos compatriotas no logran llegar acá, incluso ni a mitad del camino”.

“Si para un mexicano es difícil, para un centroamericano es la peor pesadilla, el infierno se encuentra en nuestro territorio. Hay un problema muy fuerte de violación de derechos humanos”, asegura el maestro José Martín Íñiguez Ramos del Departamento de Historia de la Ibero.

Antes de 2007, el flujo de migrantes centroamericanos era de entre 400 y 420 mil al año. Hoy es de 200 a 220 mil, pues las autoridades han endurecido el paso y el narco mantiene control de corredores fronterizos.

“Muchas chicas acaban prostituyéndose porque saben que su cuerpo será su boleto de viaje, en ese trayecto de 7 mil kilómetros, el doble de la frontera México-EU (3 mil 152 kilómetros), es lo que se llama la frontera vertical. Tienen que pasar entre 15 y 20 estados”.

Otro fenómeno es que los deportados mexicanos y los migrantes nacionales y extranjeros se quedan en la frontera a trabajar o intentar cruzar de nueva cuenta. “Cada vez se concentra más gente en esa zona. No hay un programa de atención y esto puede convertirse en una bomba de tiempo”.

Afirma que “actualmente tenemos 10 mil desaparecidos centroamericanos en el país”. La cifra de Javier Urbano es mayor: en los últimos 20 años, entre 35 mil y 70 mil se han perdido en México.

Ante este hecho, cada año llega a nuestro país la Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos. “Me encantaría verlo muerto, ya tendría la certeza de dónde llorarle. Mi agonía nunca acaba, es morir todos los días”, rememora Urbano sobre las palabras de una de ellas.

Íñiguez Ramos dice que el Plan Frontera Sur del gobierno mexicano ha hecho de nuestro país el “policía migratorio” de EU, pues se dedica a perseguir, criminalizar y castigar a los migrantes.

“La frontera era muy porosa (en los ochenta), pero en 2016 es zona de guerra, la gente está cruzando por Altar, Sonora, que colinda con Arizona. Imagínate cruzar por el desierto y pagar derecho de piso al crimen organizado”, enfatiza.

Los migrantes de Centroamérica tienen que pagar entre 3 mil 500 y 5 mil dólares para ser protegidos por un guía de cárteles y autoridades.

Para los migrantes continentales, la cuota se eleva de 10 mil a 20 mil dólares. Refiere que hay reportes de ciudadanos de Etiopía o Sudán; mientras que los cubanos, en una operación que se traza desde Miami, pagan entre 8 y 10 mil dólares.

Los mexicanos entregan entre 3 mil y 3 mil 500 dólares. Si son de la frontera de 500 a 700 dólares. Por esta práctica, la delincuencia organizada gana 10 mil millones de dólares anuales, el tercer negocio rentable, después de la trata y el trasiego de drogas.

El objetivo es llegar a EU. Salen de sus países por la crisis económica, política y social, falta de trabajo o presión de grupos delictivos.

La forma tradicional de moverse es a pie y en “La Bestia”, pero ahora “contratan camiones hacia la zona centro y de ahí buscan alternativas para llegar a la frontera. Están usando carros para poderse mover, hasta Uber para ya no ser víctimas”.

Como el cruce se ha complicado, algunos vienen a México a trabajar para juntar dinero e intentar cruzar a EU o para regresar a sus naciones con algo en los bolsillos.

En nuestro país “hay una política migratoria, pero es de represión, de persecución, de violación de los derechos humanos. No hay una política inteligente”, se lamenta Íñiguez.

Nuestra política migratoria debe incluir tres ejes: desaparecer el programa Frontera Sur; regularizar la mano de obra centroamericana; y suplir con migrantes a los mexicanos que se van a EU.

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México

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  • Vulnerabilidad
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