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COVID-19 EN CENTROAMÉRICA. Migración: En espera de “los varados” en medio de la pandemia

Publicado el 3 de julio de 2020
por Fabiola Pomareda G. en Fotografía por Katya Alvarado.

En un repaso por los países de la región, se muestran elementos de esta nueva realidad migratoria donde el control sanitario es la justificación para el control de los migrantes y donde la estigmatización ha sido la constante.

Familias enteras en centros de detenciones con los pies cansados, personas que son deportadas y regresan con un diagnóstico positivo de COVID-19, los “varados” entre dos fronteras mientras se les acaba el poco dinero que traían e incluso algunos a quienes los Gobiernos de sus propios países no los dejan ingresar.

Juan Luis Carbajal, sacerdote y director de la Pastoral Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, reconoce que el coronavirus no ha detenido algunas de las migraciones, pues siguen pasando por el territorio centroamericano grupos de haitianos, cubanos y africanos. Sin embargo, son numerosos los migrantes varados en tránsito, en Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Honduras.

“El control sanitario se ha vuelto también una justificación para el control migratorio y les está funcionando”, dijo Carbajal a UNIVERSIDAD. “Yo creo que ningún otro mecanismo anti migratorio en todo los sentidos había sido tan eficaz como este”, añadió.

En los últimos cuatro meses, los migrantes han sido una de las poblaciones más afectadas por la pandemia, tanto por los impactos de la enfermedad, como por las medidas de los gobiernos.

GUATEMALA: “LOS RETORNADOS”

“Inconsiderada, irrespetuosa, inhumana”. Esos calificativos usó el Padre Juan Luis Carbajal para describir las medidas tomadas por los Gobiernos hacia los migrantes centroamericanos.

“Creemos que ha sido una falta de respeto a las personas migrantes; se han dado a la tarea simplemente de sacar, barrer a las personas migrantes sin importar sus condiciones de salud, sin considerar otras alternativas”, expresó Carbajal refiriéndose a algunas deportaciones de México hacia Guatemala.

“No han cumplido el protocolo regional, los dejan a la deriva a las personas migrantes, muy cerca de fronteras por Tabasco, por Tapachula, sin respetar los memorandos de entendimiento regionales, y esto pone en muy alta vulnerabilidad a las personas que vienen deportadas”, añadió.

Guatemala detectó su primera persona contagiada por coronavirus el 13 de marzo, y el primer migrante deportado de Estados Unidos que dio positivo el 29 de ese mes. Desde entonces han sido deportados más de 1.200 migrantes indocumentados desde EE.UU.

EL SALVADOR: “LOS VARADOS”

Cuando inició la pandemia, contó a UNIVERSIDAD Ovidio González, director de la organización Tutela Legal Dra. María Julia Hernández, que se empezó a hablar de “los varados”, los que se quedaron en los aeropuertos, en otros países esperando poder regresar, o a medio camino hacia EE.UU. y se han tenido que devolver.

“El Gobierno los estigmatizó y la misma población recogió eso, hablaban de ‘los infectados’, ese era el término que usaban. Y nuestro Gobierno dijo que no iba a permitir el ingreso para que no nos vinieran a infectar con el coronavirus”, criticó González. Aún hay muchos salvadoreños fuera del país que no han logrado regresar, ni ha habido un plan del Estado para traerlos, reclamó.

Con respecto a los cientos de migrantes salvadoreños que han sido deportados desde EE.UU. en estos meses, el director del Instituto Salvadoreño del Migrante (Insami), César Ríos, explicó a UNIVERSIDAD que para ellos el ciclo del retorno ha cambiado drásticamente.

En condiciones normales, el primer paso es separar al migrante de su familia en el lugar donde está; llevarlo a un centro de detención donde puede pasar entre 3 y 18 meses encerrado; hasta que un día es deportado. Pero ahora, vuelven a ser encerrados cuarentena al llegar a El Salvador.

“O sea, el luto migratorio en esta nueva realidad migratoria, se extiende y después de estar en un encierro transnacional, están viniendo a estar en un encierro nacional”, señaló Ríos.

Ríos está de acuerdo con los protocolos de salud, pero quiere que se dé a conocer a profundidad cómo se aplican estos protocolos a las personas migrantes “porque si no vamos a revictimizarlas, como lo hemos estado viendo en los últimos meses”, dijo.

El Insami también denunció que el Gobierno no tiene dentro de sus planes atender a esta población, que las oportunidades de inserción social para ellos son mínimas, y que solo un 50% de los migrantes recibió el subsidio de $300 para alimentación que dio el Gobierno.

HONDURAS: MIGRACIÓN NO SE DETIENE

En la madrugada del martes 30 de junio, alrededor de 150 migrantes hondureños salieron de la terminal de autobuses de San Pedro Sula y llegaron hasta Corinto, frontera con Guatemala, como parte de una pequeña caravana que se dirigía hacia EE.UU. en medio de la pandemia.

En el grupo, mujeres, niños y hombres, como reportó Radio Progreso, intentan cruzar por puntos ciegos en la frontera de El Naranjo a Guatemala. Solo alrededor de 40 han logrado llegar hasta Corinto, esquivando operativos policiales y militares.

La frontera está completamente cerrada de ambos lados; solo pasan furgones y carros que transportan alimentos. El Gobierno ha advertido los riesgos a los que se exponen, ya que no existe corredor humanitario para su tránsito; las fronteras de los países de tránsito también están cerradas y están exponiendo su salud física e integridad personal.

Por otra parte, el Gobierno de Honduras está brindando asistencia humanitaria a un grupo de 250 migrantes de África, Cuba y Haití, que se quedaron varados en el país tras el cierre de fronteras. Unos permanecen en Tegucigalpa y otros en Choluteca.

NICARAGUA: LES IMPIDEN LLEGAR A CASA

El Gobierno de Nicaragua no impuso restricciones a la entrada de viajeros en sus aeropuertos ni cerró fronteras, pero prohíbe el regreso a centenares de migrantes nicaragüenses que se quedaron sin trabajo en el exterior y buscan regresar a su país para pasar ahí la crisis por el COVID-19.

Muchos estaban varados en la frontera de El Guasaule, El Salvador, y se calcula que en Panamá hay 200 migrantes que pidieron ayuda al consulado de su país para retornar a casa; pero el Gobierno les dijo que no tenía obligación de repatriarlos.

Organizaciones que apoyan a migrantes solicitaron al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), que intervenga en nombre de los migrantes. La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, instó a los países de América Latina a abrir sus fronteras y permitir el regreso de sus conciudadanos varados. “En virtud del derecho internacional, toda persona tiene derecho a regresar a su país de origen, incluso durante una pandemia“, afirmó Bachelet.

COSTA RICA: REACCIÓN XENOFÓBICA

Desde que el Gobierno tico empezó el operativo “Fronteras Seguras”, el 17 de marzo, ha impedido el ingreso de 15.580 personas extranjeras que pretendían ingresar sin documentos migratorios, procedentes de Nicaragua.

La vigilancia extrema en las fronteras, las detenciones y la identificación de focos de contagio en empacadoras y fincas agrícolas donde trabajan migrantes nicaragüenses también ha desatado una reacción xenofóbica por parte de amplios sectores de la población.

Asimismo, numerosas organizaciones que apoyan a la población migrante han exigido al Gobierno que garantice los derechos fundamentales de la población migrante en situación irregular en el país desde antes de la pandemia y que no se les niegue el acceso a servicios de salud.

El coronavirus también alteró la logística de las repatriaciones, por lo que hay migrantes con orden de deportación pendientes de ser retornados a sus países, por ejemplo a El Salvador.

Actualmente, el Gobierno está tramitando la compra de material para montar y equipar campamentos para migrantes en condiciones vulnerables, sospechosos de COVID-19 o con diagnóstico positivo, en La Cruz, Guanacaste. El fin es establecer espacios de aislamiento seguros, donde permanecerán temporalmente.

Los hermanos angoleños Romeu y Kulutwe y sus familias cruzan el 0 hacia el Bajo Chiquito, el primer pueblo panameño en la frontera con Colombia. (Foto: UNICEF/William Urdaneta)

PANAMÁ: SE AGOTAN LOS RECURSOS

A Darién llegan los migrantes luego de recorrer entre cuatro y siete días por la selva que conecta Panamá y Colombia: el “Tapón del Darién”. Antes de la pandemia, pasaban en promedio una semana en las estaciones migratorias de Panamá; pero ahora están varados en estos centros hasta que reabran las fronteras, con un itinerario de viaje cambiado, incertidumbre y mientras se les acaba el dinero, denunció recientemente la Unicef.

Las cuatro estaciones migratorias (tres en Darién y una en Chiriquí) albergan 2.527 migrantes sobre todo de Haití, Congo, Bangladesh y Yemen, según la Unicef. La estación de La Peñita, en Darién, tiene el mayor número de personas (1.724), siete veces más que su capacidad máxima, según autoridades panameñas.

Por otra parte, el flujo migratorio en la frontera Costa Rica-Panamá está suspendido, lo cual también tiene varados en lado panameño a migrantes nicaragüenses que se habían ido a ese país buscando trabajo, por la pandemia. Esta semana, el Ministerio de Seguridad Pública de Costa Rica impidió el ingreso de 46 migrantes en Paso Canoas y el 27 de junio rechazó a otros 120. El Gobierno costarricense intenta negociar con el Gobierno nicaragüense, para que reciba a sus ciudadanos, se informó.

REMESAS: HISTÓRICA CAÍDA

Los migrantes centroamericanos que viven en Estados Unidos no solo están enfrentando el limitado o nulo acceso a los servicios de salud en medio de una pandemia, sino la pérdida de sus empleos al tiempo que muchos de ellos están indocumentados.

El menor dinamismo de la economía estadounidense y el desempleo ha tenido como consecuencia inmediata la reducción de las remesas que enviaban los migrantes centroamericanos desde Estados Unidos y de las cuales dependen millones de hogares centroamericanos.

Según ha explicado Manuel Orozco, director del programa de Migraciones, Remesas y Desarrollo del centro de análisis Diálogo Interamericano, todos los países que reciben remesas en América Latina sentirán el impacto de la crisis.

Los migrantes se emplean en sectores altamente expuestos, como la construcción (instalación o reparación), el transporte y los servicios alimentarios. “Más del 70% de los centroamericanos trabaja predominantemente en esas actividades. Uno de los problemas con el COVID-19 es que una de las que ha sufrido bastante es la actividad hospitalaria de servicios, como restaurantes”, dijo Orozco.

Según Diálogo Americano, este año Guatemala recibirá $1.100 millones menos en remesas; El Salvador, $800 millones menos; Honduras, $900 millones menos y Nicaragua, $300 millones menos. Se calcula que un 20% de las familias salvadoreñas dependen de remesas, indicó César Ríos, del Insami.

UNA “NUEVA REALIDAD MIGRATORIA”

Ríos cree que la nueva realidad migratoria nos muestra nuevos elementos por tomar en cuenta, pues muy pronto podríamos estar hablando de un retorno voluntario de trabajadores migrantes indocumentados en general, que han sufrido pérdidas laborales y pérdidas de ingresos y que ya no pueden sobrevivir donde están, por lo que deciden regresar a sus países de origen.

Por otro lado, el Departamento de Estado de EE.UU. anunció la semana pasada que mandará $252 millones a El Salvador, Guatemala y Honduras para “promover la Seguridad Nacional de EE.UU.” y disminuir la migración “irregular” a su territorio. EE.UU. pretende “ayudar a estas naciones a ser más seguras y prósperas permitiendo al sector privado liderar las oportunidades económicas y proporcionar asistencia sanitaria”, señala el texto.

“La migración es un reflejo de pobreza, de falta de protección, de falta de calidad de vida, y como habrá dificultad en aliviar los problemas sociales, la población va a buscar la migración”, opinó César Ríos.

“Para ello se está preparando el presidente Donald Trump, inyectándole dinero a los países del Triángulo Norte porque, según él, con campañas publicitarias se pueden aliviar estas demandas de la mayoría de la población. Pero estos fondos que destina a nuestros países son parte ya también de su campaña electoral”, recordó Ríos.

El Padre Juan Luis Carbajal considera que sin duda va aumentar la migración conforme empiecen a tomarse más medidas de apertura. “Estamos esperando a todos los que están varados. Cuando se abran las fronteras y empiece esto, los que tienen dinero para coyotes van a comenzar a subir; pero también aquellos que no tienen posibilidad de coyotes, y va a ser un mayor riesgo porque vamos a ver hasta cuándo va a estar esto del COVID-19”.

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