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Una mirada a la experiencia del campamento migrante de Tijuana

Publicado el 23 de febrero de 2022
por Eduardo Torre Cantalapiedra en BLOG NEXOS-EL COLEF "OBSERVATORIO MIGRANTE"

Hoy se cumple un año de que  comenzara a tomar forma el campamento de migrantes frente a la garita de El Chaparral en la ciudad de Tijuana. No obstante, este asentamiento ya es historia. El pasado 6 de febrero, un operativo en el que participaron los diferentes niveles de gobierno obligó a los migrantes a desalojar el campamento. Tras su cierre, resulta conveniente analizar y reflexionar acerca de la experiencia y de las acciones realizadas por los diferentes actores involucrados: migrantes, miembros de organizaciones de la sociedad civil (OSC) y actores gubernamentales.

A finales de octubre del año pasado, autoridades municipales se presentaron en el campamento. Lo cercaron, hicieron un conteo de su población —donde resultaron ser alrededor de 740 migrantes—, y entregaron credenciales a sus residentes —mismas que fueron necesarias para que pudieran entrar y salir—. El objetivo principal era impedir que nuevos migrantes sustituyeran a quienes dejaban el campamento y reducir la cifra de residentes ofreciéndoles pasajes para regresar a sus lugares de origen o reubicándoles en albergues de la ciudad. En gran medida las autoridades lograron su propósito y, ahora que sólo quedaban 380 migrantes, procedieron a desalojarlos.

Desde las 4:00 de la madrugada del 6 de febrero las autoridades mexicanas iniciaron un operativo para desmantelar el campamento migrante. El operativo contó con más de 200 miembros de seguridad —entre policía local, agentes del INM y Guardia Nacional (GN), así como funcionarios de los tres niveles de gobierno—. Las autoridades reportaron que el desalojo se produjo de manera pacífica; entre los migrantes, son varias las escenas de llanto, desolación, estupefacción e indignación. Declaraciones a media voz ante los medios de comunicación. Se quejan amargamente de que no les avisaron con antelación, de la manera en que llegaron las autoridades de madrugada, de que no les dieron tiempo de recoger sus cosas, de que no se tuvo en cuenta lo que habían sufrido ahí durante meses. Los operarios de limpieza, una excavadora y dos buldóceres se encargaron de derribar las casas de campaña y de convertirlas, junto con los enseres que contenían, en revoltijos informes que posteriormente desecharon en contenedores y camiones de basura.

 

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