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Niñez cruzando el Bravo a pesar del crimen, la migra y la pandemia

Publicado el 8 de septiembre de 2021
por Tamara Haydée Segura Herrera y Oscar Misael Hernández-Hernández en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

Con apenas 13 años de edad, Daniel —seudónimo— ya había cruzado la frontera Tamaulipas-Texas de forma irregular en siete ocasiones; de éstas, fue deportado en cinco. En una entrevista realizada en el año 2018, narró que tenía dos meses trabajando para un pollero que había conocido por un amigo, él cruzaba “por el [río] Bravo a los pollos” o migrantes y le pagaban “muy bien”. La primera vez que su madre supo lo que él hacía, se molestó y preocupó; después, ante la precariedad familiar, lo vio como un ingreso útil. Chicos como Daniel forman parte de algunos niños, niñas y adolescentes que cruzan la frontera, aunque engañados o amenazados por actores criminales de la región para participar en el tráfico de migrantes como enganchadores o guías.

Hace casi una década, el Programa de Defensa e Incidencia Binacional (PDIB) en México los definió como niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados que se caracterizaban por residir en ciudades fronterizas, estar involucrados en redes de tráfico de personas o trabajar como guías de migrantes. En la literatura académica fueron adjetivados como menores de circuito debido a que se encuentran en movimiento constante por la frontera México-Estados Unidos. En los medios se les etiquetó como polleritoscoyotitos incluso muleritos, en alusión a los apodos que reciben los adultos que se dedican al tráfico de migrantes o de drogas, suscitando un debate en torno a la criminalización y los derechos de los menores.

A diferencia de “los niños sin papeles” que en 2014 llegaron a Estados Unidos y orillaron a Barack Obama a declarar una emergencia humanitaria en la frontera, o de los niños migrantes separados de sus padres y “enjaulados” en 2018 durante la administración de Donald Trump; incluso a diferencia de las niñas, niños y adolescentes migrantes mexicanos o centroamericanos que hoy en día llegan o cruzan la frontera por razones de reunificación familiar, estudio, trabajo o asilo, el registro y las historias de los menores de circuito han tenido poco eco. De hecho, en la prensa y academia mexicanas apenas tomaron visibilidad al iniciar el siglo XXI y, en la frontera de Tamaulipas, en la última década.

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