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Migrar en pandemia: los cuerpos como armas y la ayuda comunitaria

Publicado el 17 de noviembre de 2021
por Ernesto Zarco Ortiz en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

A casi dos años de que el mundo se enfrentara a un proceso de distanciamiento físico, social y emocional a raíz de la pandemia de covid-19, las formas en que nos relacionamos han cambiado, así como la manera en que ocupamos los espacios y cómo nos organizamos en torno a una nube de incertidumbres, desesperaciones, muertes de personas cercanas y lejanas, negocios en decadencia e incremento de nuestras ansiedades. Estas cuestiones nos han permitido revalorar las formas en las que habitamos nuestros territorios y, sobre todo, el proceder con nuestros cuerpos como espacios de disputas.

Todo parece indicar que estas circunstancias sólo las cuestionamos personas en posiciones privilegiadas, quienes tenemos un empleo que nos permita realizar nuestras labores desde casa, salvaguardar nuestras vidas en hogares libres de violencia y tener acceso a servicios de salud de calidad y a las políticas de los Estados para la aplicación de las vacunas contra el covid-19. Sin embargo, existen sectores periféricos, abyectos, empobrecidos y encarecidos que no cuentan con estos privilegios. Tal es el caso del sector migrante o en desplazamiento constante en México, para el cual las posibilidades de resguardarse contra el covid son prácticamente nulas. Esta situación de vulnerabilidad viene de la mano de la exclusión de la que estas poblaciones son víctimas, así como de las políticas del gobierno que no las toman en cuenta y del miedo que estas personas sienten de ser vistos como portadores de enfermedades.

Durante la pandemia, la idea de que las personas en desplazamiento son canales de transferencia del virus se ha visto reforzada: los migrantes son vistos como una amenaza para la población que habita los lugares de exilio. Más allá de las discusiones en torno a los procesos de exclusión y discriminación, esta cualidad de “importación” de las enfermedades se debe principalmente a que los agentes patógenos (virus o bacterias) viajan como un polizonte en el cuerpo de cualquier persona en movilidad. Aunque cualquier viajante puede ser ese vehículo, con los migrantes la percepción de riesgo se exacerba debido a estructuras de pensamiento que asocian a los migrantes con lo insano, sucio, descuido e inseguro: cualidades negativas que son vistas como marcas corporales de la pobreza en quienes migran en condiciones no privilegiadas.

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