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La salud como política migratoria

Publicado el 24 de noviembre de 2021
por Itzel Eguiluz en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

“No dejar a nadie atrás”, decía el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al comenzar la pandemia de covid-19. A dos años de los primeros casos, debemos hablar sobre la securitización de la salud. Las políticas públicas que decenas de paises implementaron para mitigar la transmisión del nuevo coronavirus han tenido resultados contrarios a las recomendaciones de la OMS, contribuyendo al aumento de la xenofobia, la discriminación y la violación a los derechos humanos de las personas migrantes.

Para comprender estos fenómenos, imaginemos los enormes barcos que llegaban a Ellis Island en Nueva York a principios del siglo XX, llevando entre sus cubiertas a cientos de personas que se abrían espacio entre las multitudes, para que, como sucede al inicio de Novecento de Alessandro Baricco, de repente, una persona de entre tantas viera primero América. “Hay uno en cada barco”, dice Baricco, “esas son personas que siempre han tenido ese instante impreso en la vida […] Cuando eran niños podías mirarlos a los ojos, y si mirabas de cerca, ya veías a América”.

Veías América. Pero, al bajar los migrantes las escalinatas de los barcos en ese estado de romantización del viaje, iniciaba un proceso de revisiones de salud. En la fila, las personas eran revisadas “a ojo”. Las autoridades migratorias y de salud confiaban en que el personal médico podría indicar si había problemas de salud mentales o físicos con solo ver a la persona durante unos segundos y así decidir si se requería de una inspección más detallada. A quienes no pasaban la revisión médica, en el mejor de los casos, se les devolvía a sus países; en el peor, existen registros de personas que pasaron años enteros en el centro de internación sanitaria de Ellis Island.

Las sociedades modernas suelen buscar que todas las personas puedan acceder a la salud sin importar su estatus migratorio. Sin embargo, como vemos en el ejemplo de Ellis Island, el cuidado de las personas migrantes puede caer en la medicalización y securitización de la salud. Otro ejemplo de ello es la forma en la que países europeos realizan hoy en día diagnósticos médicos y vacunación a todas las personas que llegan buscando asilo a sus países, en ocasiones sin reflexionar sobre el lugar de origen o de tránsito.2 La excepción son los  Países Bajos, donde las autoridades de salud sólo aplican la vacunación contra la polio o el tamizaje contra la tuberculosis a personas que provienen de países donde estas enfermedades son prevalentes.

La práctica de devolver personas migrantes a sus países de origen por cuestiones de salud —o al menos usando la salud como una excusa— ha sido común a lo largo de los siglos XX y XXI.  Pensemos, por ejemplo, en las reacciones de las autoridades migratorias de diversos países ante las epidemias de ébola, de influenza AH1N1 y de Zika. Pensemos, también, en las prohibiciones que hasta la fecha limitan la movilidad de personas que viven con VIH en diversos países del mundo.

La securitización de la salud, entonces, existe desde hace más de cien años. Se manifiesta a través de políticas de detención por cuestiones sanitarias y a través de la medicalización de las personas migrantes. Una de las manifestaciones contemporáneas más radicales de este fenómeno es el uso que el gobierno de Estados Unidos ha hecho del Título 42 —un artículo de su ley que permite la expulsión sumaria de extranjeros durante crisis de salud pública— en la frontera con México. Esta sección del código civil estadunidense se ha vuelto célebre en el último año, pero existe desde 1944. A pesar de su uso en contra de migrantes, el Título 42 no es parte de un reglamento o ley en cuestiones migratorias, sino que pertenece a las ordenanzas de los servicios de salud, en específico a aquellas que regulan a los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés).

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