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El estéril discurso de respeto a los derechos humanos: nosotros ante “los otros”

Publicado el 25 de mayo de 2022
por Valentina Rabasa Jofre en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

En un seminario hace unas semanas un participante me preguntó, palabras más, palabras menos: ¿No crees que sería mejor que el ingreso al país de forma irregular fuera un delito nuevamente? En una plática reciente con la familia de un amigo, su padre —quien por cierto tiene un doctorado— decía: Es que vienen a quitarnos los empleos, México no tiene suficientes fuentes de trabajo para los mexicanos como para permitir que “otros” lleguen y nos los quiten. En una reunión informal —un par de meses después de que ingresó la primera caravana de personas migrantes en 2018— un ex-subsecretario de Estado apuntaba: Nos están invadiendo; es necesario fortalecer las fronteras.

Estos testimonios aislados no me permiten hacer una descripción generalizada de la percepción que la sociedad mexicana tiene de las personas migrantes en situación irregular. Lo cierto, sin embargo, es que múltiples estudios han mostrado las diferentes formas en las que la sociedad mexicana y las instituciones del Estado discriminan y violan los derechos humanos de estas personas, al menos desde que surgieron los primeros instrumentos de regulación de los flujos de inmigración en el país en 1909. Dichos instrumentos han definido a lo largo del tiempo —y a través de las prerrogativas del Estado— quiénes entran o no a territorio nacional, produciendo en el imaginario social percepciones que delimitan el trato que se les da a las personas extranjeras.

Las consecuencias evidentes y bien conocidas de estas percepciones son las violaciones de derechos humanos demostradas por diversos estudios académicos. Sin embargo, estos estudios no han tenido eco. Si bien hoy el texto de la Ley de Migración se refiere a las personas migrantes como sujetos de derechos independientemente de su situación migratoria —y no como productores de “degeneración en los descendientes”, como se les llamaba en comunicados oficiales de la Secretaría de Gobernación en el contexto de la Ley de Inmigración de 19261— en la actualidad el rechazo a las nacionalidades que ingresan al país de manera irregular sigue estando presente, ahora con fundamento en la seguridad nacional. Y ese rechazo sigue generando odio y miedo, como muestran los tres testimonios que relaté arriba.

 

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