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¿Desigualdades emergentes? Raza y visibilidad en la recepción de migrantes en Tijuana

Publicado el 17 de marzo de 2022
por Joseph Wiltberger en BLOG NEXOS-EL COLEF "OBSERVATORIO MIGRANTE"

Durante mucho tiempo Tijuana ha sido una ciudad de migrantes. Como ciudad fronteriza, tradicionalmente ha sido conocida como un sitio importante de migración transitoria para quienes se dirigen a Estados Unidos; también es un lugar donde los migrantes, en su mayoría de otras partes de México, vienen para encontrar oportunidades de trabajo. Recientemente, sin embargo, Tijuana está experimentando una transformación. Esta ciudad se está convirtiendo cada vez más en un lugar de destino para los migrantes internacionales, muchos de los cuales buscan ayuda humanitaria después de haber sido rechazados en la frontera entre Estados Unidos y México bajo nuevas restricciones fronterizas y de asilo. A medida que las poblaciones inmigrantes de Tijuana se internacionalizan, la composición racial y demográfica de la ciudad evoluciona y se diversifica. Conforme nuevos grupos de inmigrantes llegan a Tijuana, nos preguntamos ¿qué narrativas y creencias racializadas sustentan las diferentes percepciones sobre las nuevas y diversas poblaciones de inmigrantes y su desigual incorporación en las dinámicas socioeconómicas de la ciudad?.

Se necesita investigar esta cuestión para contribuir a la comprensión del contexto migratorio actual de Tijuana y a las intervenciones destinadas a promover la inclusión de nuevas comunidades de migrantes. Como punto de partida, elegimos dos oleadas recientes de migrantes para llevar a cabo un análisis comparativo preliminar: los haitianos que comenzaron a llegar a Tijuana por miles al no poder recibir un estatus de protección temporal en Estados Unidos después del terremoto de 2010; y los centroamericanos, particularmente los de Honduras, Guatemala y El Salvador, cuya población comenzó a crecer sustancialmente después de que una caravana de migrantes que se originó en Honduras, con alrededor de 7000 miembros, llegó a Tijuana a fines de 2018. Muchos de los centroamericanos recién llegados han huido de situaciones violentas en sus países de origen y han solicitado asilo en Estados Unidos, pero se vieron obligados a permanecer en México bajo nuevas restricciones fronterizas, incluidos los Protocolos de Protección al Migrante y el Título 42. Los migrantes recientes de Haití también enfrentan nuevas medidas de disuasión fronteriza y de asilo en Estados Unidos.

Estos grupos de migrantes rápidamente se convirtieron, de diferentes maneras, en sujetos de atención pública muy visibles en Tijuana. Vale la pena preguntarse sobre el papel que esta visibilidad ha jugado en su recepción. La caravana de 2018 puso a los centroamericanos en el centro de la atención pública, y se han mantenido como una población migratoria visible en la ciudad a través de la ocupación del espacio público. El campamento fronterizo informal frente a la garita El Chaparral, que llegó a ser habitado por más de 2000 migrantes, en su mayoría centroamericanos, se convirtió en un punto focal continuo de atención pública y preocupación social durante casi un año hasta que fue desalojado por la fuerza en febrero de este año. Mientras que las ocupaciones espaciales de los centroamericanos los convierten en una población migrante más visible, desde la caravana hasta el campamento, los haitianos se destacan visiblemente en Tijuana por sus características raciales. Como migrantes negros de habla criolla, se les nota fácilmente en Tijuana, en el trabajo y en vecindarios particulares, incluso en el centro de la ciudad. A diferencia de los haitianos, algunos centroamericanos sin diferencias raciales marcadamente notables pueden hacer esfuerzos para “camuflarse” ajustándose a las características lingüísticas y culturales mexicanas para tratar de mitigar el maltrato discriminatorio.

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