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Crisis climática y migración centroamericana

Publicado el 22 de septiembre de 2021
por Alejandra Díaz de León y John Doering-White en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

La crisis climática ya está afectando a México y a Centroamérica. Esta temporada seca casi se acaba el agua de las presas en nuestro país y, durante la temporada de lluvias, huracanes más fuertes y frecuentes azotaron sus casas. Las inundaciones en Tula han forzado a cientos de personas a dejar sus viviendas y catorce personas murieron cuando el hospital se inundó. El huracán Nora dejó 685 millones de pesos en daños en Jalisco. Eventos climáticos como estos serán cada vez más frecuentes y extremos si los países no hacen nada para mitigar el aumento de la temperatura global.

Centroamérica también está sufriendo los efectos de la crisis climática y sus efectos en los patrones migratorios de la región son evidentes. Este verano, mientras hacíamos voluntariado y trabajo de campo en un albergue para personas migrantes en la región centro de México, tuvimos la oportunidad de hablar con cientos de personas que pasaban a diario en su camino a Estados Unidos. Cuando hacíamos el cuestionario de entrada al albergue, la mayoría de las personas migrantes nos contaban que eran campesinos y que habían salido por primera vez de su país por pobreza. Nos sorprendió que había mucha menos gente de las ciudades y que eran pocos quienes decían que su principal razón para salir era la violencia directa o generalizada.

Realizando entrevistas a profundidad con las personas migrantes, nos dimos cuenta de que, cuando alguien decía que era del campo y que había salido por pobreza, casi siempre se volvía evidente que la zona donde vivía y trabajaba había sido afectada por la crisis climática. Juan nos contó que, en su pueblo en Honduras, cada año se secaba un laguito de manera natural y predecible. Cada temporada, desde que los papás de Juan se acuerdan, la gente plantaba sandías y otras verduras en la tierra rica y todavía húmeda del lago seco. Las sandías y el resto de las verduras crecían muy bien y muy grandes y nunca tenían hambre. Hasta podían vender algunas. Pero estos últimos años la temporada seca y la de lluvias no llegaron cuando debían. Éste, como cada año, todo el pueblo plantó sandías; sin embargo, durante la temporada de secas, llovió sorpresivamente y el lago se llenó, llevándose todo. Juan nos dijo con frustración que ya no pueden planear; que tienen hambre. La inestabilidad de las estaciones, las sequías largas y las lluvias impredecibles son eventos climáticos de evolución lenta que generan inseguridad alimenticia y laboral para miles de personas que dependen del campo para vivir. Muchas de las personas que entrevistamos decidieron salir por eso.

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