Blog

Trabajo migrante en las economías del café y el opio

Publicado el 26 de agosto de 2020
por Irene Álvarez en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

“Un señor que no tenía dinero, en la mañana iba a trabajar en la huerta [de café] y en la noche a cazar venado. Mandaba a su mujer a vender carne de venado […] y de eso vivía. En la noche, venado; en el día, la huerta. Y dice que la primera cosecha le dio mucho dinero, se puso una borrachera de aquellas […], pero dice que él bajaba a [de la sierra a la cabecera municipal] y compraba la revista Impacto. Ahí venía un artículo de Luis Pazos. Dice que leyó ahí que al café le quedaban diez años de prosperidad. Entonces, pensó: “diez años, hay que creerle a este viejo” […]. Le dijo a sus compañeros [productores de café]: “dice un inteligente letrado que son diez años que le quedan a las matas”. [Le respondieron]: —pendejo, si mis matas están nuevaaas, cómo crees que van a durar diez años‘Tas idiota. —“Pues eso dice” [contestó]. Pa’ pura chingada que sea cierto o no sea cierto [reflexionó], yo al siguiente año cómprome una casita en Cuernavaca…pa’l siguiente año cómprome una casita en Chilpancingo, mis hijos van a estudiar, hay que comprar […]”. Mi entrevistado agrega, “…cuando se viene la caída del café, en el 89, el café ya no valía […]. Los demás no hicieron eso, los demás se bebieron el dinero […], ya no pudieron comprar nada […]” (Atoyac de Álvarez,15 de febrero de 2020).

La cita que se menciona al inicio de este artículo es parte de un relato acerca de cómo un campesino pobre pasó a ser un cafetalero rico y, después, un cacique poderoso. La historia me la contó un amigo, al que llamaré Vicente, que conoció al protagonista a fondo. Forma parte de una larga entrevista sobre la historia económica de la Costa Grande de Guerrero. En Atoyac de Álvarez, abundan las narrativas como ésta. Relatos de riquezas que se hicieron de la noche a la mañana y que, en muchos casos, así como llegaron, se perdieron. Normalmente, estas historias coinciden con los dos grandes periodos de bonanza del café: 1) el primero en la década de 1950; y 2) y el segundo, al que refiere Vicente, en los años ochenta. Aunque los dueños de las fincas de café, eran originarios de Atoyac de Álvarez —un municipio predominantemente mestizo—, los peones que trabajaban en las huertas de café eran originarios de la región de La Montaña, una zona ubicada al noroeste de Guerrero, habitada por población tlapaneca, amuzga y mixteca. Es difícil precisar cuándo empezó el flujo migratorio desde el norte al sur del estado; sin embargo, diversos interlocutores recuerdan a familias completas que, antes de la crisis de los precios del café en 1989, trabajaban como peones en la época de cosecha. Dicen que las condiciones laborales eran terribles: dormían en las huertas en casas improvisadas que ellos mismos construían con hojas de plátano o costales viejos y recibían salarios bajísimos.

Para continuar leyendo hacer click en el enlace de abajo

Ir a la nota fuente