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Remesas y coronavirus: El caso de México

Publicado el 29 de abril de 2020
por Marcela Valdivia Correa en Blog Nexos-El Colef "Observatorio Migrante"

“Decía que no, que no quería ir al hospital […], que por ser inmigrante lo iban a dejar morir más rápido”.
—Manuel Archundia, Nueva York, abril de 2020.1

Por su situación precaria, el tipo de labores que realiza y su acceso a los servicios médicos, la población mexicana en Estados Unidos (11.1 millones según el último censo estadunidense) resentirá particularmente los efectos de la crisis sanitaria y la desaceleración económica que ocasionó el COVID-19 (enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2). Además, es previsible que, con el deterioro de su salud física y sus oportunidades laborales, disminuya su capacidad para enviar remesas a sus familiares –en su mayoría hogares de bajos ingresos–, lo que a su vez afectará la economía mexicana. Las vulnerabilidades de los migrantes durante esta pandemia, por tanto, aumentan las vulnerabilidades de los hogares que dependen de ellos.

Ilustración: Victor Solís

Las consecuencias de la pandemia en la población migrante

Las poblaciones migrantes tienden a ser más jóvenes y contar con mejor salud que la población no extranjera. Ello se explica en parte por el proceso de auto selección de los individuos más sanos en el proceso migratorio, pero también porque hay un número menor de diagnósticos entre los migrantes (asociado al poco conocimiento sobre su propio estado de salud) y, por ende, se subestiman las enfermedades que los afectan.2

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