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Mujeres en movimiento. La necesidad de mirar la migración mexicana con una perspectiva de género

Publicado el 9 de abril de 2020
por Andrea Bautista León

La migración, como muchos otros eventos del curso de vida de las personas, tiene efectos diferenciados sobre la vida de mujeres y hombres que están arraigados en los roles de género que les son socialmente asignados. Estos efectos se dan en diferentes escenarios alrededor del mundo y se encuentran enmarcados en el sistema migratorio que componen México y Estados Unidos. Este sistema, por su relevancia en términos de volumen, diferencias salariales entre países y por su existencia a lo largo de más de cien años, es un escenario propicio para reflexionar en torno a los impactos de los movimientos poblacionales sobre las relaciones de género en ambos lados de la frontera. De igual manera, brinda la oportunidad de plantear políticas públicas a favor de las mujeres migrantes y sus comunidades en México, para contribuir con soluciones de largo alcance, más allá de sólo atender intereses políticos y emergencias sociales.

Aunque se tiene registro de que el movimiento entre ambos países comenzó desde principios del siglo XX, es notable que fue el programa Bracero, vigente entre 1942 y 1964, el que dinamizó el sistema migratorio y estaba dirigido principalmente a hombres quienes eran vistos como proveedores de los hogares (Durand 2016). Sin embargo, ¿qué tanto permanece el perfil masculinizado de los migrantes mexicanos? Para responder a esto, habría que considerar las transformaciones en el volumen y las características de la población que migra a través de las décadas, mismas que responden a condiciones económicas y sociales cambiantes, donde el flujo migratorio se volvió más urbano y más diverso en los perfiles demográficos —incluyendo paulatinamente a mujeres, infantes, adolescentes, jóvenes y personas adultas mayores—.

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