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La espera burocrática al borde de un infarto

Publicado el 12 de agosto de 2020
por Alethia Fernández de la Reguera y Gretchen Kuhner EN BLOG NEXOS-EL COLEF "OBSERVATORIO MIGRANTE"

“Una de las cosas que más extraño de Venezuela es cuidar a mis pacientes”, comenta Eloisa,1 una mujer venezolana que llegó a México hacia finales de 2019 huyendo de la pobreza y la violación sistemática de los derechos humanos en su país. Hija y sobrina de enfermeras, Eloisa practica la enfermería desde hace más de 20 años y se ha especializado en pediatría. Debido a los riesgos del tránsito migratorio, migró acompañada, al igual que la mayoría de las mujeres que llegan a México. Tardó dos meses en transitar por Colombia y la riesgosa selva del Darién para ingresar a México por la ciudad de Tapachula. Con la meta de solicitar asilo en Estados Unidos, se puede decir que tuvo “suerte” al lograr llegar a la Ciudad de México, donde empezó su verdadera pesadilla. A los dos días de haber llegado, con escasos recursos y sin conocer ningún albergue, ella y sus dos amigas fueron “levantadas” por unos hombres en una camioneta, quienes se las llevaron y abusaron sexualmente de ellas.

La clandestinidad de la movilidad expone a las mujeres a riesgos como la violencia sexual, el secuestro y problemas relacionados con el tráfico y la trata de personas (Díaz Prieto & Kuhner, 2015). En las semanas posteriores a la agresión, sin dinero y sin redes de apoyo, Eloisa comenzó a ejercer trabajo sexual. Tenía miedo de acercarse a las autoridades para pedir ayuda porque sentía que estaba haciendo mal al trabajar en un “antro” y sin papeles. Como muchas migrantes que han sufrido violencia sexual en México, temía presentar una denuncia debido al estigma social, al trauma ocasionado por la violencia, al desconocimiento de sus derechos y los servicios disponibles, al miedo a que la denuncia pueda afectar su solicitud de asilo y a la percepción de la baja capacidad de respuesta de los proveedores de servicios de asistencia a víctimas de violencia (Human Rights Center UC Berkley School of Law, UNHCR, & Regional Safe Spaces Network, 2018).

Sin duda es una mujer con muchos recursos para salir adelante, por lo que a través de Facebook contactó a un conocido venezolano que reside en la Ciudad de México y abandonó el “antro” y a sus compañeras para buscar un lugar más seguro donde vivir y un puesto como enfermera. Su conocido la acogió en un departamento que renta con tres personas de Nicaragua y le aconsejó acercarse a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar). Hace ocho meses inició el trámite para solicitar la condición de refugiada en México, lo que le permite contar con una tarjeta de visitante por razones humanitarias, trabajar y acceder a servicios de salud.

Desde 2017, la Comar ha presentado un rezago en su capacidad para cumplir los plazos de resolución de  las solicitudes de condición de refugiado. En el periodo de 2013 a 2016, la Comar recibió 15?653 solicitudes; 10?861 solicitantes concluyeron el procedimiento (es decir se resolvió el 69.3?% del total de solicitudes recibidas). Sin embargo, en el periodo de 2017 a 2019 se recibieron 114?842 solicitudes, y tan sólo 26?755 solicitantes concluyeron su proceso (el 23.2?% del total de solicitudes recibidas). Las causas del rezago son diversas; por un lado, el sismo de 2017 generó daños en las oficinas de la Comar, justo cuando las solicitudes prácticamente se duplicaron, pasando de 8?796 en 2016 a 14?603 en 2017; por otro lado, la migración forzada y con necesidad de protección humanitaria, acentuada por las Caravanas provenientes del norte de Centroamérica hacia finales de 2018 y a lo largo de 2019, tuvo como efecto el ingreso de 70?609 solicitudes en 2019.

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